Mientras Laura hacía la maleta, Sergio se movía por el salón, curioseándolo todo. La casa estaba bien, aunque parecía un poco tristona, con tan poca luz. La suya era muy luminosa y le iba mucho mejor a Laura, que era toda luz y alegría. Al menos cuando lograba dominar su carácter receloso.
Había un montón de discos de vinilo en una especie de caja de colores, en el suelo, junto al aparato de música. Sergio empezó a revisarlos uno a uno sin dejar de pensar en Laura. «Soy injusto —se dijo—. Si es