Mundo ficciónIniciar sesiónAmira fue criada dentro de la manada de lobos porque sus padres humanos habían ayudado a la manada en el pasado. Aunque siempre supo que era diferente a los lobos, se sentía parte de ellos y los amaba profundamente. Pero todo cambió cuando Kaiven, el imponente y arrogante Alfa de la manada, se cruzó en su camino. Desde el momento en que se conocieron, Amira y Kaiven se sintieron atraídos el uno por el otro, a pesar de que sabían que su amor era imposible. El padre de Kaiven, el anterior Alfa, no estaba dispuesto a permitir que su hijo se emparejara con una humana, y obligó a Amira a irse de la manada. Cinco años después, Amira regresa a la ciudad para cumplir con el último deseo de su difunto padre, y para su sorpresa, se encuentra con que Kaiven sigue siendo el Alfa y ahora es más poderoso que nunca. A pesar de los años que han pasado, el amor entre Amira y Kaiven sigue latente. Pero hay muchos obstáculos en su camino: la desconfianza de la manada, los enemigos que acechan en la oscuridad y, sobre todo, la innegable realidad de que ella es humana ¿Será el amor entre un Alfa y una humana lo suficientemente fuerte como para superar todas estas barreras?
Leer másLos minutos no parecían pasar lo suficientemente rápido mientras aguardaba ansiosa por los resultados que podían cambiar mi vida para siempre. Me había levantado a primera hora de la mañana y, tras leer las instrucciones, me hice cinco pruebas caseras de embarazo. Alineé cada una en el suelo y esperé sentada sobre la tapa del sanitario, mordiéndome nerviosamente la uña del dedo pulgar, un mal hábito que jamás pude superar a pesar de haber intentado todo para hacerlo.
Tras los cinco minutos más largos de mi vida, cerré los ojos y suspiré antes de atreverme a mirar los test en el suelo, a mis pies. ¡Había llegado el momento de la verdad! —¡Oh, Dios mío! —pronuncié cubriéndome la boca con una mano cuando descubrí que cada prueba había arrojado el mismo resultado: positivo. ¡Estaba embarazada! Lágrimas de alegría acudieron a mis ojos y se derramaron en mis mejillas, mojándolas a raudales. Estaba muy contenta, en mi interior crecía un pedacito de mí y de un donante desconocido que había hecho real mi sueño de convertirme en madre. Siempre quise tener un hijo y quería hacerlo cuando aún fuera joven. Acaba de cumplir treinta y seis años, era una mujer independiente, estable económicamente y con la madurez suficiente para criar un hijo sola. Era el momento justo para intentarlo, mi único impedimento era que estaba soltera. Estuve durante años en una relación que nunca llegó a ser seria. Compartíamos la cama, pero nunca fue estable o trascendental como para pensar en tener un hijo con él. Entonces, si quería quedar embarazada, tenía dos opciones: concepción asistida o adopción. Claire decía que había una tercera: enrollarme con alguien y dejar que la naturaleza siguiera su curso. Pero no, los romances de una noche no eran lo mío. ¿Y si me contagiaban una enfermedad? ¡Era demasiado riesgoso! Además, no podía acostarme con un tipo al azar solo porque quería tener un bebé, lo mejor era recurrir a la inseminación artificial, de ese modo, no correría ningún peligro. Lo hablé con mi ginecóloga y me envió a hacer una ecografía y algunos análisis de sangre para constatar que gozara de perfecta salud. Unos días más tarde, volví al consultorio y la doctora Miller confirmó que podía optar por la inseminación. Mi prima Nicole me apoyó completamente, dijo que ser madre es lo más hermoso que puede suceder en la vida de una mujer. Pero mi mejor amiga, Claire, juró que había perdido la cabeza por completo, decía que era muy joven y que podía esperar. Pero yo no quería esperar más. El siguiente paso, fue escoger un donante de entre miles de candidatos, entre ellos, un neurocirujano de ojos cafés y cabello oscuro, alto, atlético, que gozaba de buena salud y de otras muchas cualidades que lo convirtieron en mi elegido. —Hola, pequeñín, soy tu mami. Estoy muy feliz de llevarte dentro de mí —murmuré tocándome el vientre, con una sonrisa en la cara. Emocionada, tomé una fotografía de los test con mi celular y la envié al grupo de W******p que tenía con las chicas. Ambas me felicitaron sabiendo lo mucho que deseaba tener un hijo. Claire no estuvo de acuerdo con el inicio, pero terminó apoyándome.Las siguientes semanas, pensé que iba a enloquecer. Quería que el tiempo pasara rápido para ver a mi bebé. Y cuando finalmente llegó el día, cuando pude ver en el monitor que ciertamente dentro de mí se estaba gestando el milagro de la vida, lloré de emoción. Tenía cinco semanas de embarazo ese día, todo lo que pude diferenciar fue un punto blanco sin forma dentro de lo que Sara describió como saco gestacional, pero sentía que mi corazón iba a estallar de alegría. Fue… maravilloso. Claire y Nicole me acompañaron, estaban tan emocionadas como yo y lloraron conmigo. Hasta entonces, había sido el momento más feliz de mi vida, porque sabía que vendrán muchos más. Desperté con náuseas otra vez y sin ningún ánimo de ir al bufete, pero igual me levanté, tomé una ducha y saqué del clóset una falda negra de tubo, una camisa roja de botones, manga larga, un cinturón Hermes y mis stilettos negros favoritos. Tomé del cajón un conjunto de sostén y pantis de encaje rojo. Me vestí, peiné y maquillé como parte de mi rutina diaria para salir a trabajar. Fui a la cocina y tomé zumo de naranja, lo único que me provocaba porque las náuseas me habían quitado el apetito. Volví a mi habitación y alcancé mi teléfono móvil –lo había dejado sobre la cama antes de ir al baño– y vi que tenía dos llamadas sin contestar de la clínica de fertilización. Me pareció extraño que estuvieran intentando contactarme y les devolví la llamada mientras iba por mi bolso. —Clínica de Fertilidad Eva, buenos días. ¿En qué puedo ayudarle? —dijeron al responder. —Buenos días, soy Ava Greene, tengo algunas llamadas sin contestar de parte de ustedes, son de hace unos minutos. —Oh, sí, claro, señorita Greene. Necesitamos que se acerque a la clínica para hablar con usted de un asunto importante.—¿De qué se trata? —pregunté con el ceño fruncido. Apenas hacía unos días estuve con Sara en mi consulta de control y ella no mencionó ningún asunto importante. —Lo siento, pero es un tema delicado que no podemos tratar por este medio. ¿Puede venir hoy a las nueve de la mañana? —preguntó con cautela, temerosa. Me paralicé en medio del pasillo, sintiendo mi corazón palpitando con fuerza. Ya había salido de mi apartamento para entonces—. ¿Señorita Greene? —Sí, ahí estaré —respondí secamente y finalicé la llamada, retomando mi camino hacia al ascensor. Iría en ese mismo momento a la clínica para salir de dudas. Le avisé a mi secretaria que llegaría más tarde al trabajo y me dirigí a la clínica. A las ocho y veinticinco de la mañana, estaba deteniendo el auto frente a la Clínica Eva, sintiéndome enojada. Detestaba los imprevistos, era irritablemente perfeccionista y controladora, mi día a día estaba planificado con fecha, hora y lugar en mi agenda personal. Incluso, mis tiempos de ocio, que eran muy pocos. Jenny, mi secretaria, manejaba mi agenda laboral y, a esa hora, debía estar en mi oficina trabajando en el caso de un nuevo cliente, Nicholas Anderson, quien fue sentenciado injustamente a tres años de prisión por homicidio doloso, del que había cumplido doce meses. Mi plan era solicitar la libertad condicional, apelando a su buen comportamiento en prisión. Anderson nunca debió ir a prisión, pero el abogado asignado por el Estado le aconsejó que se declarara culpable y aceptara la oferta de la fiscalía. Mis tacones resoban contra el piso de granito pulido mientras me acercaba al mostrador de la clínica, llamando la atención de Amy, la recepcionista, quien, al verme, palideció. —Buenos días, señorita Greene. Puede tomar asiento en la sala de espera, por favor. En breve la atenderán —habló rápido y nerviosamente, lo que me dio a entender que ella estaba al tanto de porqué estaba allí.—¿Quién? —cuestioné con voz aguda y gesto severo. Me disgustaba sobremanera que ella tuviera información de lo que sucedía y yo no. —No estoy autorizada para decirlo, señorita Greene, lo siento mucho —manifestó con discreción. Tenía la verdad en la punta de la lengua, lo sabía, y no me sería difícil hacerla hablar, pero no quería meterla en aprietos. Ella siempre había sido amable conmigo. —Diles entonces que no me hagan esperar mucho, tengo que trabajar —advertí y me dirigí a la sala de espera, que se encontraba extrañamente desértica. No era normal que fuera la única en el lugar. Por lo general, la sala siempre estaba atestada de mujeres, tanto solas como acompañadas, y también de algunos hombres, que presumía eran donantes. Tomé asiento en una de las tantas sillas libres y, un par de minutos después, escuché una voz masculina proveniente de la recepción, pero no alcancé a apreciar lo que decía, aunque no era de mi interés, todo lo que quería era reunirme con quien fuera que iba a atenderme y saber, de una vez, cuál era el bendito asunto que me llevó ahí. Tenía cosas que hacer, no podía malgastar mi tiempo en nada. No pasó mucho antes de que el dueño de la voz caminara hasta la sala de espera y apareciera en mi campo de visión. Era un hombre alto, delgado, de tez clara y cabello castaño oscuro, con presencia de algunas canas. Vestía un traje negro a la medida sobre una camisa blanca, corbata azul y zapatos negros pulidos. Venía distraído con su teléfono móvil, lo que me impidió detallarle el rostro. Aunque, a simple vista, se me hizo conocido, algo que no sabría hasta verlo bien. Aparté la mirada antes de que notara que lo estaba observando y simulé buscar algo dentro de mi bolso.—¿Ava Greene? —preguntó el hombre en cuestión, reconociéndome, y se detuvo delante de mí. Alcé mi rostro hacia él y descubrí con asombro que se trataba del Juez Harris. Él llevó un caso penal que defendí, el cual concluyó en la declaración de inocencia de mi cliente, fue ahí donde me conoció, pero no creí que memorizara mi nombre, mucho menos que me reconociera. Antes de ser juez, fue abogado en la firma que ayudó a fundar, Harris, Wagner & Asociados. Ganó muchos casos que generaron ganancias millonarias y, después de doce años, dejó la firma para ser juez penalista, conservando la reputación intachable que lo precedía, en cuanto a la ley se refería; porque, según las malas lenguas, Harris era un donjuán, decían que se había llevado a la cama a un gran número de mujeres, se rumoreaba también que estaba muy bien dotado y que era un “dios del sexo”. Eso no tenía modo de saberlo ni me interesaba averiguarlo tampoco.Capitulo 64 finalAmiraMis ojos casi no pueden mantenerse abiertos, me esfuerzo por mantenerme despierta porque sé que Kaiven está en peligro. Pero no soy capaz de hacerlo, ponen un bebe junto a mí, es mi hermosa hija, me sonríe con la tranquilidad de quien acaba de llegar a este mundo y no tiene la mas mínima idea de lo que sucede, sus mejillas rosadas y el tono cobrizo de su pelo son como un bálsamo para mi alma, con los ojos casi cerrados veo cuando mi compañero entra en la habitación. Es lo último que consigo ver antes de que mi subconsciente me lleve por completo.– No es normal que aun este inconsciente, tú eres el médico. Necesitas buscar una solución urgente – escucho la voz de Kaiven regañando a alguien.– Alfa, se que esta alterado. Pero necesita calmarse, la condición e Luna es bastante buena teniendo en cuenta todo lo que paso para traer a su hija al mundo, ahora hay que dejarla que se despierte por su cuenta – por la forma calmada en la que le explican debe de haber hech
Capitulo 63KaivenHan pasado meses desde que Loy apareció por última vez, pero mi instinto me dice que hoy va a ser el día en que nos veamos de nuevo. Amira está dando a Luz a nuestro hijo, y me arrepiento de no estar con ella para recibirlo, pero mis deberes con la manada van primero incluso que ellos, mantenerlos a salvo es mi obligación.– Alfa – me dice mi beta – como usted dijo fuimos capaces de encontrar su rastro acercándose al pueblo, debe de estar más cerca de lo que pensamos.– ¿pusiste toda la seguridad de la que hablamos donde está tu Luna?– Si, toda la seguridad que fue posible - me responde con tranquilidad – y como me autorizo deje a Yeri con ella – se que él también está preocupado por su pareja, le ha costado mucho aceptarla como tal y no creo que sea justo que la pierda, por eso la dejo con Amira.– ¿y todo lo que les pedí que prepararan?– Está todo listo, Alfa.Loy no está esperando todo lo que le tengo preparado, estoy casi seguro de encontrarnos con la guardia
Capitulo 62YeriEntro en la habitación de Amira pasando por el lado de Faron sin rozarlo, desde que secuestraron a mi amiga el está demasiado extraño y yo me siento incómoda a su lado, incluso sabiendo eso, él evita mirarme. Me siento en el borde de la cama y la miro.— ¿Cómo te sientes?— Esa es la frase que más escucho desde que regrese – se ríe y me siento tonta, se que tiene que estar incomoda con tantos ojos y atención sobre ella.— Lo siento, creo que yo también me deje llevar.— No te preocupes, no es para tanto. Solo lo digo porque me da un poco de gracia. Pero para serte sincera, tu te vez peor que yo – me quedo dudando un instante , supongo que tiene la razón.— Es cierto, físicamente estoy bien, pero la realidad es que mi cabeza es un lío, cuando pienso que todo está bien regreso con mis dudas y mis miedos, la necesidad de sentir cosas que no sé si puedo sentir.— ¿Puedes ser más clara? No entiendo nada de lo que dices.— Es simple, tu es
Capítulo 61Me le quedo viendo, no sé qué decirle para que comience a hablar. Estoy tan molesto que estoy pasando por mucho para que no se note o para que al menos no me vuelva una bestia frente a ella. Se arrodilla frente a mí.– Wao, esto sí que no me lo esperaba ¿Qué haces?– Pidiendo perdón apropiadamente Alfa – me tengo que reír– ¿en algún momento me has tratado como un alfa? No creo que tengas conciencia de que es un Alfa Amira, malamente logras recordar que no soy humano. Pero no es tu culpa, es la mía por querer actuar acorde a lo que está bien para ti. Levántate del suelo y por favor explica de una vez que es lo que sucede.– Quien me llevo de aquí fue Yulien, estaba compinchado con Loy pero lo traiciono para poder tenerme para él, esta mañana Loy lo encontró y lo asesino frente a mi – se mira el tobillo y compruebo que hay una quemadura en el– ¿fue Loy quien te lastimo de esa forma?– No, Yulien puso su mano en mi mientras estaba m
Capítulo 60– Alfa – me llama mi beta, me quedo viendo en su dirección y me sorprendo al encontrar a Amira entre la multitud, sin pensarlo me acerco a ella corriendo. Su cara se ve compungida, la reviso para ver si se encuentra bien y me sorprende darme cuenta de que no está herida– ¿Qué sucedió? – me mira muy seria y me empuja– No pensé encontrarte aquí – doy un paso atrás– ¿de qué hablas?– Vine aquí para que no me encontraras. Pero tuviste que seguirme, ashh. Eso es una total molestia – me voy a acercar y me empuja – creí que te había quedado claro que me fui por cómo te comportaste, estoy harta de tener que lidiar con tu ego de bestia – la escucho, pero no parece ser mi mujer la que dice estas cosas.– ¿te fuiste porque quisiste?– Claro que sí, ¿crees de verdad que alguien sería capaz de sacarme de la casa sin que yo quisiera?– ¿Qué estás haciendo Amira?– Tss, diciéndote la verdad para que dejes de buscarme. Esto
Capítulo 59La puerta se abre de golpe, no me esperaba algo como eso y me sobresalto. En primer lugar, tengo la esperanza de que sea Kavien, pero esas esperanzas mueren en el momento en el que veo a Loy entrar y mirar a Yulien como si quisiera asesinarlo. Yulien se pone frente a mí y adopta una posición defensiva.– ¿en serio tu cerebro inútil creyó que no te encontraría? Utilizar mis propios métodos contra mí fue lo más idiota– Cuando lo pensé parecía sensato, pero ahora que lo dices ya no estoy tan seguro – no se si está bromeando o lo dice en serio – pero al menos tenía que intentarlo– ¿intentar qué? – le pregunta Loy – tienes a dos manadas persiguiéndote, ahora mismo están en la plaza, ni siquiera sé que tienes en la cabeza, ¿tampoco se te ocurrió que podían seguirte – se acerca con paso amenazante – y mucho más importante, ¿por tu cabeza no paso que no me iba a agradar que me traicionaras? – se sienta en el butacón en el que antes estuve atada– Clar
Último capítulo