Los rastros de la blusa de Verónica terminaron en el suelo, seguidos rápidamente por el resto de sus prendas. En la penumbra de la habitación, Mauricio se despojó del pantalón con urgencia, quedando ambos completamente desnudos sobre las sábanas de seda. El contraste de la piel cálida de Mauricio contra la de ella la hizo soltar un jadeo.
Mauricio volvió a posicionarse entre las piernas de Verónica, acariciándole los muslos con una posesión que la hizo estremecer. Sus manos, grandes y firmes,