Gabriela miró a Verónica con los ojos desorbitados, procesando la terrible información. Un pensamiento amargo cruzó por su mente y no pudo evitar soltarlo.
—Entonces... ¿eras su amante? —le preguntó Gabriela a Verónica, con un tono de voz que mezclaba el dolor y el reproche.
Verónica sintió un golpe directo en el pecho. Esa palabra, "amante", resonó en sus oídos de una forma espantosa, como si ella fuera la culpable de toda esa porquería. Se enderezó con orgullo y la miró con total honestid