La llegada definitiva del invierno vistió la costa de Santa María con tonos plomizos y mañanas de helada suave que teñían de blanco la hierba de las colinas. Sin embargo, en el ala oeste de la residencia del faro, el calor del hogar crepitaba con fuerza constante en la chimenea de piedra.
Mateo había cumplido once meses. El pequeño caminaba ya con pasos firmes y decididos por los pasillos de madera, agarrándose de la mano de Amelia o persiguiendo a su padre con risas sonoras cada vez que el