Me quedé sin aliento al instante. Una sensación indescriptible me invadió por completo.
Este anillo, era nuestro anillo de bodas…
Cuando nos casamos, aunque a él no le importaba mucho, el abuelo me había dado casi todo lo mejor: una dote millonaria, una casa lujosa y un par de anillos de bodas diseñados a la medida por un joyero de primera. Después, le di la dote a mi tía, como agradecimiento por haberme criado. Y la casa, pues ya no era mi hogar. Lo único que me acompañaba día a día solo quedab