Aunque normalmente no habitábamos la antigua mansión, los sirvientes siempre mantenían la habitación impecable y reluciente, sin ni una pizca de suciedad. Incluso las sábanas y fundas de las almohadas se cambiaban cada tres días.
En el cabecero de la cama aún había una foto de boda con un toque vintage que solo un fotógrafo de alto nivel podría lograr, sin rastro alguno de edición.
Cuando Marc se sentó en la cama, intenté retirar mi muñeca, pero él la sujetó con firmeza, frunciendo el ceño.
—Aú