Me tomó por sorpresa y me quedé paralizada por un momento. Instintivamente, echó un vistazo a Marc. Su expresión seguía siendo la misma, con ojos y cejas suaves, rodeándome entre sus brazos. Era cierto que no parecíamos venir a divorciarnos.
El piso del vestíbulo estaba seco. Suavemente me solté de su agarre, le respondí:
—No, venimos a tramitar el divorcio
—Ah...
El empleado se veía un tanto triste.
—Formar un matrimonio no es nada fácil, y se nota que su relación sigue muy buena, ¿por qué q