Al pronunciar esas palabras, la mano del hombre se apretó aún más.
La temperatura de su palma quemaba la piel de su muñeca.
Era insoportable.
Sebastián ya estaba en traje. Las rayas grises le daban un aire serio, alejando la lujuria del lecho. Con tono grave, dijo: —Yolanda, la píldora del día siguiente altera tus hormonas y no es bueno para tu salud.
Yolanda se rio: —¿No sabes que interrumpir un embarazo es aún peor para el cuerpo?
—Si estás embarazada, lo mejor es tenerlo.
—¿Qué?
Yolanda lo mi