Capítulo 45
—Si no fuera por la obstinación de tu abuelo, no tendrías que estar pasando por esto… —hablaba Ania sin para.

Olaia escuchó esto y no pudo evitar poner los ojos en blancos, y de no ser por mí, habría regresado a discutir con ella.

No se sabía cuándo empezó a llover, el viento otoño soplaba con frialdad y la temperatura descendió considerablemente, haciendo que quisiera encogerse del frío.

Después de subir al carro, Olaia me dijo con enojo:

—¿Por qué me detuviste? ¿No escuchaste lo que dijo? Qué
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