El salón de recepción permanecía en un silencio incómodo.
Alfonso se había ido, pero Mateo aún estaba presente.
La familia Vargas había aprendido a temerle desde hace años, y ahora la tensión era palpable.
Ana miró a Mateo con reproche: —¡Tú, mocoso! ¿No vas a ver a tu abuelo? ¡Está deseando que regreses!
Desde su infarto hace dos años, Alejandro había estado bastante debilitado.
En ocasiones como esta, rara vez aparecía.
Hoy, al enterarse de que Mateo podría regresar y sabiendo que esto causarí