Antes de que pudiera terminar la frase, la puerta de la oficina de Mateo se abrió de golpe.
Lola entró con una expresión furiosa, mirando a Antonio con rabia.
Antonio esperó un momento, y al ver que Mateo seguía sin decir nada, dijo: —Mateo, voy a colgar. Si necesitas algo, llámame en cualquier momento. Te enviaré la información a tu correo.
¡Pum!
Apenas colgó, un fuerte bofetón impactó en su rostro.
Antonio respiró hondo, limpiándose la sangre del labio con el pulgar y sonrió: —No me sorprende,