Respondí: [Está bien, gracias.]
Poco después, Yolanda me envió la ubicación.
Como pensaba en Dieguito, había reservado en un conocido club en la Ciudad de Porcelana, un lugar tranquilo donde también se podía llevar a los niños, en lugar de en un bar.
Olaia se acercó: —¿Es un mensaje de Mateo?
—No, es de su hermana.
Le pasé el celular: —Mañana es el cumpleaños de Mateo. ¿Vamos a visitarlo?
Olaia seguía molesta por lo de la tarde: —¿Estás segura de que quieres ir?
—Creo que fue un malentendido. Ad