El aire entre nosotros parecía haberse solidificado, y mi corazón también estaba suspendido en el hilo. Parecía que todavía estaba esperando a que él pudiera explicarme un poco.
Tras un breve silencio, sólo vino una fría pregunta:
—¿De verdad anhelas tanto divorciarte de mí?
La emoción que me oprimía el pecho casi me dejaba sin aliento, miré hacia arriba a la cegadora luz de la sala, pestañeé ligeramente, y aunque mi corazón se desmoronaba por completo, las palabras que salieron de mi boca fuer