Al oír eso, me quedé un poco sorprendida. Enzo era más atento de lo que yo recordaba.
Acabábamos de terminar de comer, y algunos de los platillos que servían tenían un ligero sabor desagradable, lo cual me hizo sentir un poco náuseas, pero logré contenerme. No esperaba que él se lo diera cuenta. Esbocé una sonrisa suave y le dije:
—Sí, un poco, pero no es nada grave.
—Me alegro, lo más importante es tu salud, ¿de acuerdo? —dijo Enzo con un tono cálido y preocupado—: Ante cualquier situación, l