Al mencionar esto, Enzo también se sintió un poco triste:—Así que cuando te reencontré en la universidad, me odié a mí mismo por haber estado ausente en tu vida durante tantos años, dejándote pasar por tantas dificultades.
—Enzo, esto no tiene nada que ver contigo.
Cuando enfrenté esos problemas, él también era solo un niño.
Había caminos en la vida que uno debía recorrer solo.
Nadie podía ayudarte.
El hecho de que él pudiera tenderme una mano cuando más lo necesitaba ya era más que suficiente.