En el momento en que me encontré frente al registro civil, sentí una sensación de alivio como nunca antes.
Olaia quería quedarse conmigo, pero la mandé irse.
Tomé la decisión de comenzar todo esto sola, y ahora debería despedirme de la misma manera, con firmeza y en soledad.
Observé el ir y venir de los coches en la calle, y a las parejas que entraban y salían, algunas casándose, otras divorciándose.
Era fácil distinguirlas.
Las que sonreían eran las que se casaban. Las que tenían el rostro seri