De camino a mi casa, Enzo tomó el volante y me echó un vistazo:
—¿Sigues preocupada por Olaia?
—No.
Sacudí la cabeza:
—Ella puede manejar esto por sí misma.
Olaia lo tenía todo medido cuando decidía algo.
Confía en que tenía la capacidad de retirarse a tiempo.
—Ajá.
Enzo respondió lacónicamente, luego me preguntó:
—¿Y qué has pensado sobre lo de trabajar en MS?
—Gracias por la oferta…
Le agradecí y expliqué:
—Por ahora no puedo ir a MS. Es que han pasado demasiadas cosas últimamente y quiero to