Me dio un sobresalto y volteé para mirarlo, y me topé con un par de ojos ámbar brillantes. Al ver quién fue, me llevé la mano al pecho.
—Ay, Enzo, ¡me asustaste!
—Perdón —esbozó una sonrisita—. No era mi intención escuchar su conversación, solo pasaba por aquí.
Yo le respondí con una sonrisa despreocupada.
—¿Vienes a socializar o con compas?
—Con compas —habló con suavidad.
Miró a Olaia y ocultó la impotencia en sus ojos.
Yo sabía muy bien de quién hablaba.
Olaia también se dio cuenta de eso,