Le dirigí una mirada con gratitud y luego también entré en la sala con confianza.
—Buenos días. Soy Ania Lamberto. Hoy vine aquí a aclarar este asunto de plagio de diseño con ustedes de forma clara y sencilla.
Ania me siguió de cerca y reveló una sonrisa con desdén:
—Bueno, si quieres limpiar tu nombre, empieza ya.
Se veía muy segura. De no haber sido por mi costumbre secreta de protegerme, este asunto habría desarrollado siguiendo su ritmo, y yo no habría tenido manera de defenderme.
—Primero,