—Delia —me llamó.
Él clavó sus ojos en mí, con una mirada llena de emociones indescriptibles.
—Me arrepiento de haber tramitado el divorcio contigo.
—¿Qué?
—No puedo aguantar divorciarme de ti —su voz grave parecía estar envuelta en una neblina húmeda.
No sabía cómo responderle…
Me humedecí un poco los labios y señalé el elevador que se acercaba, diciéndole:
—Me voy primero.
Le había dicho todo lo que tenía que decir, y si él seguía insistiendo en esto sin sentido sólo aumentaría mi frustració