La voz no sonaba severa, pero con un frío glacial que erizaba la piel.
Pareciera que, si Juan se atrevía a golpearme, él le rompería la mano de un apretón.
Esta era la primera vez que realmente experimentaba el sabor de ser protegida por él. Sin embargo, este momento llegó demasiado tarde, sin provocar la más mínima ondulación en mi corazón.
Juan se movió un poco, intentando soltarse de la mano de Marc. No obstante, se dio cuenta de que, a pesar de ser un hombre fornido, no era incapaz de hacer