Sabía que ella no había llevado una buena vida en esta casa. Cada vez que pensaba en eso, me dieron ganas de llorar un poco.
—Tía...
Ella me acarició la cabeza con cariño:
—Ay, tontita, cuéntale a tu tía, ¿por qué estás pensando en divorciarte?
—Es que...
La verdad era que mi tía y mi papá se parecían mucho, sobre todo en la parte de los ojos y las cejas. Cada vez que veía a mi tía, tenía una sensación de calidez. Cuando me preguntó eso, ya no pude aguantar más y me solté a llorar, escondiendo m