...
—¿Y ustedes beben y no me invitan?
La tonta, siempre tan despreocupada, sin la más mínima intuición.
Levantó la copa y brinda con los dos, alegre, como si en el mundo no hubiera nada que la molestara.
—Creo que ahora me están aislando.
—Mateo está bien, tiene su familia. Pero tú, José, ¿por qué no te he visto salir a beber estos días?
—¿Es que tienes otra perra fuera?
José ni siquiera les dirigió la mirada, solo se quedó en silencio bebiendo.
Fue entonces cuando Santiago se dio cuenta de que