El otro asunto pendiente era el de ese malnacido que había herido a Olaia.
—Sí, señor.
José colgó el celular, intentó encender un cigarro, pero se dio cuenta de que solo llevaba puesta una toalla.
Abrió la puerta del balcón, entró a la casa, fue a la cocina y sacó una botella de agua fría del refrigerador, bebiendo casi la mitad de la botella.
Si no lograran recuperar la grabación, tendrían que hacer lo que Mateo sugirió: tomar medidas más drásticas.
Lo de Óscar era sencillo; bastaba con amenaza