Finalmente, fue Olaia quien se encargó de recoger su equipaje.
Era una persona impaciente, y cuando algo le causaba sospechas, no podía descansar hasta aclararlo.
De lo contrario, ni siquiera podría dormir tranquila.
José intentó acompañarla, pero ella lo rechazó, dejándolo esperando en el pasillo.
Mateo, que conocía a José desde hacía años, no ofreció consuelo alguno.
Se limitó a esperar en silencio.
Delia, por su parte, se fue a ver a los niños.
Dentro de la habitación,
Olaia recogió el equipa