Al final, eran amigos.
Olaia me miró con una sonrisa cómplice: —Solo te importa Mateo.
La miré de reojo, un tanto molesta: —Para nada. Me preocupo por ti. Si él pierde el control, no vas a poder evitar que te haga daño.
Olaia chocó su copa de vino con mi vaso de jugo.
Yo estaba en periodo de lactancia, por lo que solo podía beber jugo.
—Cuando necesite tu ayuda, te lo diré.
—Está bien.
Mientras conversábamos, Óscar ya había pelado los camarones, retirado las espinas del pescado, preparado la car