—Señor José, si lo que desea es que lo lleve, lamentablemente no tengo tiempo. Sin embargo, si lo prefiere, puedo llamar un taxi para usted.
José se frotó la frente, como si le doliera, y preguntó: —¿Por qué tiene que ser así?
Olaia soltó una risa irónica, pero no estaba dispuesta a perder más tiempo con alguien borracho, así que respondió con cierto desdén: —¿Quiere que le llame un chofer o se encargará usted de hacerlo?
José, visiblemente confundido, dejó escapar una pregunta que no esperaba: