—¿Eh?
Se me olvidó que Mateo siempre era tan desinhibido. Intenté taparle la boca, pero no tuve tiempo.
—¿Estás insinuando algo, amor?
…
Le lancé una mirada fulminante, y tras decir unas palabras rápidas a Olaia, tiré de Mateo y lo metí apresuradamente al ascensor.
Al llegar a casa, Mateo levantó una ceja con esa actitud tan suya, algo descarada: —¿No puedes esperar más?
Al principio no entendí a qué se refería.
Luego, sin pensarlo demasiado, le solté un buen golpe en la cara: —¿Por qué hiciste