Aproveché su momento de relajación para liberarme de sus brazos.
Al notar su muñeca colgando, la pistola cayó al suelo.
Me quedé aturdida.
Retrocedí dos pasos, pero no sentí alivio alguno.
—Delia.
Mateo se acercó con paso firme y me abrazó con fuerza.
Finalmente logré recuperar un poco de claridad en mis pensamientos: —Mateo...
Toda la ansiedad y tensión acumuladas durante el día, cada emoción negativa, se disiparon en ese instante.
Sentí una inmensa sensación de seguridad.
Algo que nadie más po