Donovan no se detenía ni un instante. Sus labios ardientes recorrían la piel de Rosalind con una mezcla de urgencia y ternura, dejando pequeños besos que se convertían en mordidas suaves, provocando que ella jadease sin control.
—Mmm… ahh… —sonidos entrecortados escapaban de los labios de la bella mujer, mientras sus manos temblorosas se aferraban a la espalda de su marido, buscando refugio y sostén. Sus piernas, como imanes, lo atraían sin remedio, temblando de deseo.
Él la sujetaba fuerte