El médico lo miró con serenidad, aunque en su expresión se advertía cierta incomodidad que solo acompaña a las verdades a medio decir. Se quitó las gafas y las limpió con un pañuelo.
—No puedo asegurar tal cosa, señor Schubert —señaló—. No quiero hacer suposiciones apresuradas ni emitir acusaciones infundadas. Pero, como le he explicado, la cantidad de pesticida hallada en el organismo de su esposa no es, bajo ningún concepto, normal. Es demasiado alta, incluso para provenir de un descuido con