El corazón de Raymond comenzó a latir con una fuerza inesperada, acelerándose de manera intensa al escuchar aquellas palabras. La confesión de Ámbar provocó en él una reacción inmediata, como si todo su cuerpo despertara de golpe.
Saber que ella deseaba entregarse por completo, que quería ser suya no solo por un vínculo legal sino en un sentido profundo y real, lo conmovió y lo encendió a la vez. Hasta ese momento habían compartido el título de esposos, pero ahora él anhelaba sentirla verdaderamente como su mujer, en toda la extensión de la palabra.
De pronto, una sonrisa se dibujó en sus labios.
—Me hiciste esperar demasiado —expresó.
Sin darle tiempo a nada más, se inclinó sobre ella y la besó con una intensidad profunda. Sus labios se buscaron una y otra vez, perdiéndose en besos cada vez más apasionados, mientras sus manos recorrían el cuerpo de Ámbar con deseo.
Él deslizó las manos por sus piernas, atrayéndola hacia sí, y ella respondió elevándolas, rodeando su cintura, aferrándo