C185: No eres diferente.
Vidal se quedó petrificado, atravesado por una consternación que parecía haberlo dejado sin aliento. Su rostro, que minutos antes había exhibido una altanería casi provocadora, se desmoronó por completo.
Sus labios quedaron entreabiertos, como si las palabras se hubieran atascado en su garganta, y su mirada permaneció incrustada en Ámbar, incapaz de apartarse de ella. El desconcierto que lo embargó era tan evidente que por un instante pareció haber olvidado cómo reaccionar.
—Ámbar… —murmuró finalmente, con la voz vibrante de incredulidad—. ¿Qué estás diciendo? ¿De verdad piensas eso? ¿Crees que todos los años que compartimos como matrimonio fueron una simple farsa? ¿Crees que construí una vida contigo, únicamente para herir a Raymond?
—¿Me lo vas a negar? —preguntó Ámbar con frialdad—. Ahora lo comprendo todo, Vidal. Comprendo por qué fuiste capaz de lastimarme tan profundamente, y eso fue porque jamás sentiste verdadero afecto por mí. Por eso me traicionaste con Alaska. Tres años de