Vidal reaccionó ante la observación de Raymond, como si aquellas palabras hubieran rozado una fibra extremadamente sensible. Su expresión se crispó y sus ojos, generalmente vivaces, adquirieron un fulgor defensivo. Dio un paso hacia él, acortando la distancia, y habló con un tono que oscilaba entre la irritación y la incomodidad más honda.
—¿Cuál es el afán de tener que resaltarlo tanto? —preguntó con una brusquedad que parecía desbordarse de sí misma—. Pero ya que estás aquí… —hizo un ademán,