C149: No soy alguien especial.
Raymond se encontraba de pie en medio del cuarto mientras sostenía el frasco entre los dedos con una rigidez que delataba su inquietud, como si aquel pequeño cilindro de plástico contuviera una verdad que se negaba a revelarse. La etiqueta, impresa con letras diminutas, cubría casi toda la superficie y él la escrutaba con los ojos entornados, avanzando línea por línea con paciencia.
El texto enumeraba los componentes habituales de cualquier complejo vitamínico: minerales, antioxidantes, extractos vegetales en dosis insignificantes, nada que pareciera digno de sospecha. No hallaba advertencias alarmantes, ni efectos secundarios poco comunes, ni siquiera una nota al margen que sugiriera precaución. Nada.
Y, sin embargo, algo no encajaba.
—Aquí no dice mucho… —murmuró él sin apartar la vista del frasco, albergando la esperanza de encontrar en algún rincón una palabra que él hubiera pasado por alto.
Ámbar lo observaba desde la cama, sentada al borde, envuelta en un silencio expectante. Ra