CAPÍTULO 25. UNA BRUJA
Lo que acababa de suceder en el jardín de los Arango, fue algo que ninguno de los dos podían ocultar. La mirada de Carlos Alejandro brillaba, como si un par de estrellas hubieran bajado del cielo y se incrustaran en sus grandes orbes, destellaban una gran luz, que no poseía.
Briana por su parte se derretía por él, su facciones denotaban una gran ternura, anhelaba sentir un cariño que nunca había experimentado por nadie, ninguno de los novios que había tenido le había hecho sentir mariposas en