La noche era espeluznante y oscura, los ululatos de los búhos sonaban a través del denso sendero del bosque, los árboles tarareaban un zumbido melódico y a la vez tenebroso hasta que el ritmo del bosque fue roto por el fuerte gruñido doloroso de un hombre.
La sangre seca cubría cada centímetro de su piel como un tatuaje mientras un líquido rojo carmesí se derramaba de una herida de su torso, corriendo por sus piernas que a pesar del cansancio se negaban a dejar de correr.
Era Tatum y bien suje