“¡Tenemos que irnos ahora mismo! No puedo esperar ni un segundo más”, gritó Leila con los ojos rojos e hinchados. Un dolor insoportable le atravesó el corazón por el miedo que sentía por su precioso ángel.
Cualquier cosa podría estar pasándole a su hija en este momento. No quería ni siquiera pensar en ello. ¿Cómo era posible que el único lugar que Leo eligió atacar fue precisamente donde estaba Amara?
Esto no parecía una coincidencia. Su corazón latía con dolor y miedo. ¿Era posible que Leo hu