“¡Leila! ¡Tienes invitados!”.
Oyó la voz de su madre llamándola desde abajo y dejó su teléfono sobre la cama, con el que había estado navegando por Internet en busca de fotos de vestidos de novia y tratando de encontrar también un diseñador, a pesar de que Amanda le había asegurado que se encargaría de esa parte.
¿Quiénes podrían ser esos invitados? No recordaba estar esperando por alguien. Ella no era precisamente la persona más popular de la manada, aunque iba a ser su Luna por segunda vez.