“Ya te dije que yo la llamé. Ella no tiene por qué responder...”.
“No pasa nada”. Leila le sostuvo suavemente la mano a Tatum para calmarlo, sintiendo el cambio en su aura. Le sonrió con ternura, dejando que su palma recorriera su antebrazo ensangrentado, sintiendo un sutil placer en todo el cuerpo al entrelazar sus manos con las de él.
Tatum, inconscientemente o quizás conscientemente, apretó sus manos contra las de ella, mientras la miraba con confusión en los ojos y se sentía uno con él en