Con los ojos pesados y la vista nublada por las lágrimas, Leila mete otro vestido más en su caja. En cuanto le entregue a Tatum los papeles del divorcio y él le rompa la muñeca, volverá a la casa, cogerá sus cosas y abandonará la manada para siempre.
Su vida aquí ha terminado y, si se queda, las burlas, la humillación y el ridículo que la perseguirán a todas partes no harán más que hundirla en la depresión.
Ella cierra la segunda caja llena y suspira profundamente. Sus párpados caen de can