Estoy en shock, Adam tiene frente a mí la droga que durante mucho tiempo hizo que me olvidara de mis problemas, pero que también casi acaba conmigo.
-¡Eso no es mío, Adam! - digo negando.
-¡No me mientas! ¡Estaba en tu cuarto!
-¡Ya te dije que eso no es mío! - le grito frustrada.
-¡No me grites! - me da una cachetada y yo, sorprendida, me toco la mejilla intentando no llorar. - Pensé que habías cambiado y que te había servido estar en esa clínica, pero veo que no. - Adam me mira con decepción y