- ¡Dios, qué susto me diste, Dante! – digo tocándome el pecho. – ¿Hace cuánto tiempo estabas ahí?
- Lo suficiente. Así que te metiste a clases de yoga.
- ¿Quién te lo contó? – en ese momento me acuerdo de Lucas. – Ya sé, fue Lucas.
- Sí, él me mantiene informado de todo lo que hace mi mujer. ¿Te gustó?
- Sí, me encantó. Fue una clase maravillosa. Creo que asistiré más seguido.
- ¿Y eso de “jódete, Dante y Lorena”? – cuando dice eso, siento que me atraganto con la saliva, pero no dejaré que