Despierto más descansada que nunca, jamás había dormido tan cómoda. Cuando observo a mi lado, la pequeña Alana está pegada a su papá como si fuera un monito, así que tomo mi teléfono y les tomo una foto.
Cuando volteo, me paro de golpe al ver en la puerta con una sonrisa de oreja a oreja a Fran, el amigo de Dante.
- Por Dios, casi me matas de un susto - le hablo susurrándole, y este sigue con su estúpida sonrisa. Así que me paro con cuidado de no despertarlos - ¿Qué haces aquí?
- Mejor dicho, ¿q