La primera nevada de diciembre cubrió Brooklyn con un manto blanco y silencioso, transformando la ciudad en una postal navideña. Dentro del apartamento de Charlotte, el ambiente era igual de acogedor, pero cargado de una nueva y tierna vulnerabilidad. Su embarazo de casi siete meses era ahora evidente, una redondez firme bajo sus suéteres de lana que ninguno podía ni quería ocultar.
La tregua de los cafés del sábado había evolucionado, por decreto familiar de Fiorella, a una invitación formal p