ANDROMACA
—¿Que deseas entonces? —los nervios me atacan y no controlo el temblor de mis manos —¿qué quieres exactamente?
Su mirada no me gusta, no es deseo, es repulsión, algo mucho peor, más feo que ver la mirada de odio en Stavros.
—Renegociar contigo —¿renegociar? —te diré quién está detrás de todo esto a cambio de entregarme los diamantes y el dinero por la venta de los negocios de Stick, estoy siendo blando porque no quiero manchar me las manos de sangre.. Pero si tengo que hacerlo, lo