ANDROMACA
—¿Te gusta tu regalo esposo? —no sabe lo feliz que me hace—feliz cumpleaños mi amor.
Su mirada se torna oscura escaneando mi cuerpo y es como si me hubiesen impregnado de gas siendo Stavros el fosforo que prende en llamas mi cuerpo.
—Vamos a jugar esposa—lo observo como se aleja con ese caminar imponente, pero es cuestión de segundo para que mis ojos vuelvan a captarlo, mientras todo lo que tengo encima me mantiene inmóvil para su placer—te comeré a mi manera—deja ver la costosa esposa