La primera noche de Isabella en casa transcurrió con una mezcla de tranquilidad e incertidumbre.
Su madre insistió en que descansara y evitara cualquier preocupación. Los médicos habían sido muy claros: el estrés podía retrasar su recuperación.
Sin embargo, descansar era mucho más difícil de lo que imaginaba.
Cada rincón de la casa despertaba una sensación diferente.
Algunas habitaciones le transmitían paz.
Otras le provocaban una inexplicable inquietud.
Era como si las paredes guardaran secret