Con el amanecer, Marlon y Luci dejaron definitivamente la ciudad atrás. Después de varias horas de viaje, las calles, los edificios y los recuerdos comenzaron a quedar cada vez más lejos.
Por primera vez desde que emprendieron la huida, Luci sintió que podía respirar con un poco más de tranquilidad. Sin embargo, el peso de la culpa seguía acompañándola.
Miró por la ventana del automóvil y suspiró profundamente.
—¿De verdad crees que podremos empezar de nuevo? —preguntó con voz insegura.
Marlon